La otredad y el vampiro

Señora Pantin

16 de febrero de 2026

From the editor:

Un ángel cae del cielo. Es OTREDAD, vestido con un traje blanco. Al caer, se levanta una pequeña nube de polvo.

Majestuosamente, VAMPIRO camina hacia un extremo del escenario, señalando el camino a seguir. OTREDAD, junta sus manos implorando.

La OTREDAD ahora vive con el VAMPIRO.

A continuación, se presenta un extracto de la obra completa. Esta obra se representó en ambos idiomas en la Sala Verde del 17 al 19 de octubre de 2025.


VIII

OTREDAD hace gimnasia.

VAMPIRO: ¿De que te alimentas? ¿Del aire?
OTREDAD: Este lugar es muy saludable.
VAMPIRO: Nunca te he visto probar un solo bocado.

OTREDAD abre los brazos y respira profundo.

VAMPIRO: Te hice una pregunta.
OTREDAD: ¿Y que va a saber si nunca sale de su cuarto?
VAMPIRO: Eso no es cierto. Salgo de noche.
OTREDAD: De noche estoy durmiendo. (Pausa) No entiendo lo que ocurre en esta casa.
VAMPIRO: No estás aquí para entender, estás aquí para servirme.
OTREDAD: Estoy aquí porque quiero.
VAMPIRO: ¡Eres un insolente!
OTREDAD: Pude haber caído en otro sitio.
VAMPIRO: ¡Caídas, caídas! ¡Demonio advenedizo! ¿A quién pretendes engañar con tus ojos azules? ¿A ver? ¿Dónde están las plumas de tus alas? ¿Qué quieres? ¿Avergonzarme?
OTREDAD: ¿Y de que tendría que avergonzarse, si se puede saber?
VAMPIRO: De mis apetencias, de mis hábitos nocturnos, del hecho mismo de que ahora quiera hincarte los dientes.

OTREDAD retrocede asustado.

XI

VAMPIRO abre un hueco en el medio del escenario.

VAMPIRO: Ningún tormento es mayor que mi indiferencia. Puedo beber litros de sangre, jarras heladas con el líquido precioso y no sentir ninguna clase de remordimiento, nada, salvo el placer de haberla obtenido. ¡Cómo se entregan las criaturas! (Mirando hacia bastidores) Hay algo que nos une en esa confianza. El corazón no puede engañarse ¡Cuántas veces me he separado! (Pausa) Y la sed todavía me abrasa. Tu pequeño cuerpo no pudo colmarme. Ahora vas a dormir.

Aparece OTREDAD

OTREDAD: ¡Eres un criminal!

VAMPIRO, descubierto en falta, voltea hacia OTREDAD.

VAMPIRO: Yo no tengo la culpa.
OTREDAD:¡Que ser repugnante!
VAMPIRO: No seas injusto.
OTREDAD: Rezare por ti.
VAMPIRO: ¡Escucha!
OTREDAD: ¡Cínico! Es la rama del fresno. (Pausa) El árbol que llora como una mujer, ¿recuerdas?
VAMPIRO: No soy un asesino, solo quería vivir. (Glacial) Traela.

VAMPIRO continúa cavando. Sale OTREDAD y regresa con la mujer en brazos. La deposita en el hueco. VAMPIRO echa tierra sobre el cuerpo. OTREDAD lo mira hacer.

VAMPIRO (echando la última pala de tierra): Buenas noches.

OTREDAD mira con horror lo que hace VAMPIRO, este se voltea y le dice:

VAMPIRO: Ya no somos dos sino uno. (Pausa) Si yo soy un asesino, tu eres mi complice.

XII

OTREDAD: ¡No llores!

Pausa. Silencio.

VAMPIRO: No estoy llorando. (Pausa) Perdoname.
OTREDAD: No soy quien para perdonarte.
VAMPIRO: Ya no crees en mí.
OTREDAD: ¿No puedes pensar en otra cosa más que en ti mismo?
VAMPIRO: No es posible concebir mayor infierno.
OTREDAD: ¡Santa paciencia! ¡Mirate en el espejo!
VAMPIRO: ¡No!
OTREDAD: ¿A que le tienes tanto miedo?
VAMPIRO: Una vez, siendo niño, me atreví a asomarme al espejo. (Pausa) No había nada delante de mí. No sé como soy.
OTREDAD (a regañadientes): Eres muy bello.
VAMPIRO: Eso no es lo que me dice mi corazón.
OTREDAD: Si te miraras al espejo lo sabrías…
VAMPIRO: ¿Tú puedes mirarte?
OTREDAD: ¡Bendito sea Dios! Sé que tengo los ojos azules.

OTREDAD descubre una esquina del espejo y se contempla en el acariciándose el lugar donde VAMPIRO lo mordió.

VAMPIRO (intrigado): ¿Yo tengo los ojos azules?
OTREDAD: No me quedó ninguna marca.
VAMPIRO: Soy inofensivo, ¿no te das cuenta?
OTREDAD (mirando a bastidores): No tienes piedad.
VAMPIRO: Mon amour gravement touché.
OTREDAD: ¿En qué idioma hablas?
VAMPIRO: La herida es mucho más profunda.
OTREDAD (mirandose la frente): Ya no se nota. (Pausa) ¿Te parezco un conejo?
VAMPIRO: No mucho.
OTREDAD: Nunca me he detenido demasiado en el largo de mis orejas. (Pausa) Ibamos de cacería, cada uno con su escopeta. Mi padre me obligó; quería hacer de mí un hombre. (Pausa) Yo amaba a los conejos, ¿entiendes? ¡Pobre de mí! Ni siquiera escuché el disparo cuando ya estaba tendido de largo a largo, completamente muerto, muerto e inocente ¡Lo confundi con un conejo! Gritaba mi padre fuera de sí, extraviado en su dolor (Pausa) Así se justifica un tiro entre las dos orejas.
VAMPIRO: ¡Que manera de fulminar a una criatura!
OTREDAD: ¡Él no tuvo la culpa!
VAMPIRO: Nadie tiene la culpa, estoy cansado de decirlo.
OTREDAD (desolado): Nadie le creyó lo del conejo.
VAMPIRO: Pobre hombre. ¡Cómo debe sufrir!
OTREDAD (desolado): ¡Soy un criminal! ¡Peor aún, hice de mi padre un criminal! ¡Y todo por mi estupida mania de saltar como un tonto! ¡Allí estoy, espantando a los conejos para que mi padre no los matara! (Abatido) Y terminó matándome a mi… ¡Mi padre es inocente!
VAMPIRO: No llores.
OTREDAD: ¡No estoy llorando!

XIII

VAMPIRO está sentado frente a un pizarrón donde hay dibujados una culebra, una mujer, y un conejo. OTREDAD señala con una varilla los dibujos de acuerdo al orden de su discurso.

OTREDAD: Que sea la última vez, ¿lo prometes?
VAMPIRO: Te lo prometo.
OTREDAD: Jurar en vano es pecado.
VAMPIRO: Te lo juro por mi.
OTREDAD: Bien, vamos a ver: las mujeres no son los únicos seres vivientes que tienen sangre, ¿entiendes?
VAMPIRO: Si.
OTREDAD: Hay muchos animales que tienen sangre, sangre fría o sangre caliente, depende. Los animales de sangre fría son, por ejemplo, las culebras, los lagartos ¿Te gustan las culebras?
VAMPIRO: No.
OTREDAD: Los animales de sangre caliente se llaman mamíferos. ¿Por qué se llaman mamíferos? Porque dan de mamar a sus crías. El hombre es un mamífero. Los conejos también.
VAMPIRO: ¿Los conejos?
OTREDAD (impaciente): Es otro ejemplo. (Pausa) ¿Cuál es la diferencia entre un conejo y una mujer?
VAMPIRO: No lo se.
OTREDAD (científico): Los conejos no lloran.
VAMPIRO: ¡Ah!
OTREDAD: No te convence.
VAMPIRO: No se de que me estas hablando.
OTREDAD: Las mujeres son criaturas inocentes, llamadas a ser madres de otras generaciones. Chuparle la sangre a las doncellas es un crimen: un crimen abominable, un crimen inconcebible, ¿no sabes eso?
VAMPIRO: Yo solo sigo mi deseo.
OTREDAD: Allí está el problema, precisamente.
VAMPIRO: ¿Cuál problema?
OTREDAD: Tu no eres un animal, eres un hombre.
VAMPIRO: Soy un VAMPIRO.
OTREDAD: ¡Ya sabes lo que quiero decir! Eres un ser pensante, sabes hablar, sabes pensar.
VAMPIRO (orgulloso): Sé volar también.
OTREDAD: Deja eso. (Pausa) Hay una diferencia entre tú y los conejos.
VAMPIRO: Entre yo y las damas.
OTREDAD: No, entre las damas y los conejos. Tú eres igual que las mujeres. ¡Dios, que enredo! A ver, empecemos: matar a un semejante es un delito.
VAMPIRO: Yo no quiero matarlas, solo quiero su sangre.
OTREDAD: La sangre es vida.
VAMPIRO: Quiero la vida de las doncellas, no su muerte.
OTREDAD: ¡Qué confusión!
VAMPIRO (vehemente): ¡Sus vidas! Es lo único que quiero.

XIV

OTREDAD y VAMPIRO están reclinados ante una mesa observando lo que hay en ella.

OTREDAD (incrédulo): ¿Nunca en tu vida habías visto un conejo?
VAMPIRO: Si los había visto, pero no los había mirado.
OTREDAD: En este bosque hay tantos conejos que podrías matarlos a patadas. Hay más conejos que mujeres, ¿te das cuenta?
VAMPIRO: Si. ¡Qué orejas tan largas tienen!
OTREDAD: Puedes disponer de los conejos que quieras sin el riesgo de que alguien venga a clavarte una estaca al corazón. Nadie te va a odiar por matar a un conejo. Todo lo que hagamos con ellos estará dentro de las más estrictas normas legales vigentes.
VAMPIRO: Comprendo. (Pausa) ¿No hay ninguna diferencia entre la sangre de las mujeres y la de los conejos?
OTREDAD: Ninguna, solo que no está prohibido obtenerla.
VAMPIRO (temeroso): Vamos a romper una tradición, eso no es correcto. Mi padre nunca estaría de acuerdo. (Pausa, con terror) ¡Nunca podré reconocer a un conejo!
OTREDAD: ¡Miralo bien!
VAMPIRO (mirando fijamente a OTREDAD): Solo reconozco lo que es semejante a mi. ¡Me dan miedo los conejos!
OTREDAD: ¡No seas cobarde! Pareces una mujer.
VAMPIRO (trémulo): Soy una mujer.
OTREDAD: No seas infantil.
VAMPIRO: Reconozco en ellas su inocencia.
OTREDAD: ¡Ay, Dios mio…! Hazlo por mí, te lo suplico.
VAMPIRO: Está bien. (Pausa) No quiero que me odies.
OTREDAD: No te odio.
VAMPIRO: Quiero ser como tu.

VAMPIRO y OTREDAD se abrazan con ternura.